5 lecciones de amor para dejar de sufrir

Todo empezó con pequeñas decepciones y promesas sin cumplir.

Cositas insignificantes como llegar tarde, olvidar traer algo que le había pedido de la tienda, gastar dinero que no teníamos con la promesa de que lo conseguiría a fin de mes sin hacerlo, decirme que cuidaría de la Pequeña Dama durante un rato pero dejándola hacer un cagadero en la casa que, después, yo tenía que llegar a limpiar.

La más dura de todas las promesas sin cumplir, fue prometerme que seríamos un equipo para apoyarnos, de manera equitativa, en la creación de esta vida que habíamos elegido tomar juntos.

¿Te ha pasado que estás en una relación donde tu pareja te promete el sol, la luna y las estrellas, pero que en realidad no te baja ni los toppers de la alacena? Pues en muchos sentidos así fue la mía.

Sin negar el hecho de que yo tuve mi parte de culpa ahí (y seguro también he sido brutalmente criticada por ello), lo cierto es que debo alegar en mi defensa que era una ingenua. Casi como todas las personas que se creen las mentiras de los políticos, que son mentirosos consumados (porque eso es el ex: un político de excelencia).

Caí en la falsa idea de que las pretenciones que me juraban tenían posibilidad de ser verdades, cuando nunca, ni una sola acción de su parte, lo respaldaba. Castillos de arena, era lo que construía. Y claro… para un unicornio, criatura soñadora que soy, no estaba nada mal.

El problema es que los sueños, para volverse reales, deben construirse en cimientos sólidos y no en arenas movedizas. Y con lo mucho que amo la fantasía, distingo perfecto que vivo aterrizada en una pretención de realidad. Y eso también debe tomarse en consideración.

Así es que la única responsable de haber vivido un cagadero de matrimonio, plagado de promesas políticas sin base ni sustento, soy yo.

Ahora… ¿para qué les cuento esto? ¿Es para quejarme y decir “pobrecita de mí”, yo fui la víctima?

No. Quiero que aprendan en cabeza ajena y mejoren (o abandonen) esas relaciones que los traen de cabeza y sufriendo. 

Así es que hoy quiero compartirles algunas de las lecciones que aprendí de vivir, amar y casarme con un megalómano.

Lección número 1: La culpa (o responsabilidad) es tuya, no del megalómano

Primero que nada, acepta que tú elegiste esta relación y a esta persona. Y lo hiciste porque seguramente viste algo bueno en ella.

Estoy convencida de que la gente es, en esencia, buena. Y para ahondar más en el tema puedes ir a mi post anterior “No hay gente mala, hay gente herida” para que entiendas mejor lo que digo.

Mi ex, el megalómano, no es una mala persona. Es alguien con una larga lista de vacíos emocionales y heridas mentales que no ha sabido sanar.

Así es que hoy, antes que enojo (que sí lo sentí) o resentimiento (con lo que aún tengo que trabajar) lo que siento es compasión. No puedes pedir agua de una copa vacía. Y el ex no tenía en su copa nada de lo que yo necesitaba o deseaba.

Seguramente para otra mujer, él será todo lo que desea o necesita en una relación. Pero no era mi caso. Y posiblemente no sea el tuyo.

Acepta, en voz baja si quieres, muy quedito, en el fondo de tu consciencia, que estás en una relación mierdera. De donde solo vas a sacar más mierda.

Obvio, si estás en una relación increíble, la primera lección no es para ti. Pero tal vez alguna de las siguientes lo sea. Así es que sigue leyendo.

Si la tuya sí es una relación mierdera, mi último consejo es: olvida la culpa (la que sientes contigo o la que le quieres colgar al otro) y, en lugar de eso, responsabilízate.

Si no entiendes la diferencia, déjame explicarte: culpa es buscar un castigo para ti o para el otro; responsabilizarte es entender qué te toca aprender de esto, aceptar tus pérdidas y ganancias, y decidir si vas a seguir pagando el precio de quedarte o es momento de que pagues el precio de tu propia libertad.

Lección número 2: Responsabilízate y elige diferente

Si ya te diste cuenta de que estás en la relación equivocada, salte del cuento. En lugar de casarte con el príncipe y ser infelices por siempre, al estilo Cenicienta pero a la inversa en donde ahora tú eres la criada mugrienta del castillo, conviértete en la heroína y escribe tu propia historia.

¿Haz notado que casi todos los héroes en todos los cuentos se enfrentan a una situación en la vida en la que no quieren estar? De hecho, si pudieran quitarle el teclado al escritor de la historia que dicta su destino, hasta se lo avientan a la cabeza. Pero no pueden. ¿Qué les queda? Pues de malas, con miedo, sin saber cómo, se lanzan a su próxima aventura.

Y cuando el cuento “termina”, y miran en retrospectiva, se dan cuenta de que sin ese gran problema en su historia, ellos no serían héroes ahora.

Pues bien. Ese gran “problema” que te lanza a la senda del héroe, es lo que yo llamo “la patada en el culo”, que te da la propia vida cuando no quieres hacerle caso a la llamadas de atención que te mandó.

Entre estas llamadas de atención que yo viví, y que tal vez tú también estás viviendo, estaban:

  • Nunca cumplía sus promesas. Like in never! Y mientras más grandes o importantes, menos. Si tenían que ver con dinero, ya ni hablemos.
  • Cuando yo decía que estaba siendo injusto o se estaba equivocando, abusaba emocionalmente de mí con gritos, insultos, haciéndome sentir tonta o la culpable de la situación.
  • Rompía los acuerdos. Si quedábamos que él iba a lavar los trastes “de ahora en adelante”, lo hacía un par de veces y luego ya no lo volvía a hacer. Reforzando el punto número 1.
  • Aunque habíamos dicho que seríamos un equipo (iguales) cuando se trataba de llevar los proyectos del trabajo, la administración y limpieza de la casa, y el cuidado y crianza de la Pequeña Dama, la repartición de labores no era equitativa y nunca lo fue. Lo más triste es que el ex, a la fecha, opina que sí lo fue.
  • Difícilmente se quedaba a atenderme cuando estaba enferma. Dejando de lado la parte de que procurara o no atención médica para mí, si yo tenía que descansar, dormir, o estarme quieta, él no hacía el menor esfuerzo por ocuparse de los quehaceres en mi ausencia, hasta que yo llegaba al punto en que ya no podía con mi alma de puro cansancio.

De nuevo. Estas llamadas de atención de la vida no son una crítica a lo que el ex hizo mal o simplemente no hizo. Es, meramente, la forma en la que yo lo percibía (una historia tiene muchas versiones, ¿cierto? Yo no diré que la mía es la única correcta, ni la más apegada a la realidad, porque tal vez no la esté viendo de manera objetiva).

La parte importante de estas llamadas de atención era que la que no estaba de acuerdo con lo que pasaba, era yo. La que no era feliz, era yo. La que no tenía el valor para dejarlo, era yo. Pero en lugar de hacerme responsable y abandonar la relación, me quedé hasta que las cosas se volvieron insoportables. 

Hazte responsable del hecho de que, si hay alguien en tu vida abusando de ti, no valorándote, no cuidándote, no apoyándote, quien está equivocado eres tú. Porque le estás entregando tu poder a alguien más.

Acepta la patada del culo que te da la vida y asume las consecuencias. Puede ser que tengas que divorciarte, perder amigos, sentir que no vales nada, ser el blanco de las burlas o las críticas sociales, sentirte juzgada o injustamente acusada, pero sea lo que sea, asume que es el precio que tienes que pagar para dejar atrás la vida que te duele e ir en busca de la vida que siempre soñaste.

Lección número 3: Trabaja en tu sentido de valor

Uno de los grandes problemas que enfrentamos cuando terminamos una relación, o terminan con nosotros una relación, es sentir que no valemos nada.

“¿De verdad hice tanto y solo recibí esto?”, “¡Yo no lo merecía!”, “¿Porqué me dejó por esa, o por ese?”, “¡Si ni es tan bonita/guapo!”, O peor “¡Es que es más guapa/guapo que yo, más joven y tiene mejor culo! Y mírame a mí…”

Es la época en la que peor te hablas en el fondo de tu mente. Puedes no insultarte, pero haces de todo para validar que te mereces, o no te mereces, lo que te pasó. Pero al final, ambas cosas son resultado de pensamientos de inferioridad. Y todo por estarte comparando con otros.

Deja de compararte, y entiende que es la otra persona la que no es correcta para ti, en lugar de verlo a la inversa. Tú eres la persona correcta y siempre lo vas a ser.

Así es que, tu trabajo, no es buscar cómo competir con los demás, sino saber porqué eres la persona más valiosa en tu vida, para ti. Y eso no lo deciden los demás, lo decides tú.

Rasca en el fondo de tu mente, exprímete el corazón y sácale todo el jugo a tu ser para que averigües quién eres y porqué vales tanto. Entonces, y solo entonces, ponte en el mercado y no te vendas barato, porque eres un producto de mucho valor.

Lección número 4: Aprende a hacer negocios, no solo a tener relaciones

¿Cuál es el propósito de un negocio? ¡Que te de ganancias! Si no, mejor llámalo hobbie y hazlo por diversión.

Así decido el tipo de relación que tengo con las personas a mi alrededor. Algunas son relaciones-hobbies, solo para divertirme y pasar el rato. 

Otras son relaciones-negocios, con acuerdos planeados de tal manera que ambos salgamos ganando. Les pongo un ejemplo: mi hija.

A cambio del tiempo, atención y esfuerzo que le pongo en educarla, recibo crecimiento personal (con lecciones que, hay días, en que me mandan a llorar como magdalena), complicidad y diversión.

Las relaciones son negocios. Porque siempre debes buscar una ganancia, solo que, a diferencia de lo que comúnmente entiendes como negocio, la ganancia no es en dinero, sino en cosas intangibles: tiempo, aprendizaje, apoyo, etc. 

¡Ojo! Que no estoy hablando del amor, sino de los acuerdos, que son las relaciones. El amor deberías darlo gratis. ¡Siempre! Porque eso es lo mejor de tu ser. Y es algo con lo que debes trabajar en cualquier tipo de relación, en todo momento.

Así es que cuando les digo que traten sus relaciones (de pareja, de amor, como quieran llamarlas) como un negocio, es que no pierdan de vista que hay un acuerdo o contrato, que debe de haber ganancia para ambas partes y que, cuando uno de los socios del negocio no está cumpliendo su parte, es momento de revisar el acuerdo, cambiarlo o romperlo.

Lección número 5: Encuentra tu Llamado Personal

El amor, tener relaciones-hobbies o relaciones-negocios (con acuerdos y ganancias), saber cuánto vales, hacerte responsable, todas esas cosas son importantes. Pero para mí, el punto más importante de todos, fue encontrar mi Llamado Personal.

El Llamado Personal tiene que ver con tu verdadero ser, tu esencia, puesta al servicio de los demás. De manera egoísta primero (porque estás tan lleno de un bien que lo quieres compartir con todos) y después, para el beneficio de todos.

Si necesitas una ayudadita, puedes descargar este ejercicio de manera gratuita:

free-download-llamado-personal

El amor no duele. Las relaciones sí, porque son para crecer. Y a veces, cuando creces, duele. Pero no deberías vivir sufriendo. Tómate en serio estas lecciones, analízalas desde todas las perspectivas, cuestiónalas, quédate con las que sirvan y cámbialas a tu gusto para adaptarlas a tu vida y tus circunstancias.

Por último, y como comentario final, quiero que sepas que todos cargamos sombras en nuestro interior. Y por mucho que yo quiero ser un unicornio, poner mi luz en el mundo, brillar e inspirar, no siempre me sale y no me comporto así todo el tiempo. Además, si lo hiciera, y tú pensaras que soy “perfecta”, no te lo creerías. Tampoco entenderías el camino del héroe que tuve que recorrer para aprender estas lecciones a menos que te cuente todo lo que hay detrás. Y esa es la razón por la cual me atrevo a hablar de las cosas malas que pensé, sentí y experimenté en ese momento. Como una guía para ayudarte a entender y crecer.

Me tomó mucho tiempo decidirme a escribir esta versión de la historia, porque no quería que se me malentendiera (aunque es probable que así sea), que creyeran que lo hago por rencor o para causarle algún tipo de enojo mayúsculo al ex. No es el caso. Lo respeto mucho, le deseo toda la felicidad del mundo. Pero de este periodo oscuro de mi vida, quiero que queda algo bueno: un aprendizaje, y una pequeña pauta que te ayude a mejorar tus relaciones, dejar de sufrir y convertir el amor en algo mágico.

Siempre que tengas el valor de pagar el precio, claro.

Ahí te lo paso al costo. 😉


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